Cuando aún falta un año para las elecciones
generales convocadas para el domingo 25 de octubre de 2015, para elegir a un
nuevo presidente que regirá los destinos de la Argentina por el período
2015/2019, y mientras las encuestas muestran resultados favorables a uno u otro
candidato, según sea el frente político que las haya encargado, entre quienes
detentan el poder y los que tienen aspiraciones de llegar a reemplazarlos,se producen ríspidos y hasta a veces absurdos
enfrentamientos verbales, como llegar a afirmar que si ganan los que se oponen
al gobierno van a anular todas las medidas que son beneficiosas para la
población. A su vez los aspirantes a gobernar denuncian a los funcionarios
actuales, que con esas expresiones lo único que pretenden es meter miedo a los
electores que tendrán que definir el futuro del país.
Todo ello nos hizo pensar que las medidas,
leyes o decisiones que han sido beneficiosas para la población a través de años
y años, pasan a formar parte del
patrimonio real de una nación, podríamos así llegar a afirmar que son como
normas “inderogables”.
Permítasenos definirlos como hitos
fundacionales del estado nacional, cada uno acorde con el momento histórico en
que se sancionó.
Así podemos mencionar a dos leyes que ya
tienen 130 años desde su sanción. Una, la Ley 1.420 que se aprobó en julio de 1884, que
dotaba a la educación de tres características: laica, gratuita y obligatoria;
fue un elemento utilísimo en la lucha contra el analfabetismo, no excluyendo la
religión mayoritaria en la escuela oficial, ya que la misma podía enseñarse
fuera de los horarios de clase en los mismos establecimientos, y permitió que
los niños que concurrían a las escuelas del Estado no fueran discriminados por
motivos confesionales. La otra ley fue la destinada a la creación del Registro Civil, en 1884, para que
asentar nacimientos, bodas y muertes no fuera exclusiva tarea de la Iglesia.
Estos
son solamente dos ejemplos que hemos tomado del Siglo XIX, pero nuestra
historia argentina es muy rica en muchos otros hitos, que siguen siendo el basamento de nuestra
identidad nacional. Seamos conscientes que las medidas que benefician al pueblo
nadie las podrá anular, quedando siempre como posibilidad la de ampliarlas o de
perfeccionarlas según el momento histórico de que se trate.
Publicado en el libro Las once miradas, Edición de las autoras, Mendoza, 2013, ISBN
978-987-9441-73-2
Los invitamos a leer más cuentos de esta antología compartida
con las autoras mendocinas Graciela Marina Cremaschi, Mirta Porro, María Ester
Correa, Carmen Minucci, Élida Vila, Mabel Acevedo, Patricia Santoni, Ángela
Escobar, Lelia Núñez y Marian Romero Day.
Fue un orgullo estar con
ellas en dicha publicación
Lágrima cristalina. Casi imperceptible.
Sensación apremiante. Allí. Tendido sobre
el sofá.
Uno de sus brazos caídos. Sometidos a la
gravedad.
El desasosiego en el ambiente.
Se desparrama el aire enviciado de
soledad. Sobre la habitación enmudecida.
Ella no va a volver.
El ruido sordo del disparo es lo único que
se escucha.
¿Alimento del pasado? ¿Alimento del futuro?
Escasamente tenida en cuenta hace muy pocos años atrás, hoy la quinoa podemos
decir que ha sido redescubierta, incluso en nuestro país, y señalada por el
secretario general de la ONU como un alimento decisivo en la lucha contra el
hambre en el mundo. Veamos de qué se trata.
La quinoa o quinua ([(]Chenopodium quinoa), es un pseudocereal perteneciente a la
familia de las amarantáceas. Es un cultivo que se produce en los Andes de
Bolivia, Perú, Argentina, Chile, Colombia y Ecuador, así como en Estados
Unidos. Sin duda, los mayores productores son Perú y Bolivia, ]siendo
Bolivia el primer productor mundial.
La quinoa se cultiva en los Andes
bolivianos, peruanos, ecuatorianos, chilenos y colombianos desde hace unos
5000 años. Al igual que la papa, fue uno de los principales alimentos de
los pueblos andinos preincaicos e incaicos. Se piensa que en el pasado también
se empleó para usos cosméticos en la zona del altiplano
peruano-boliviano-argentino.
La quinoa es una planta alimenticia de
desarrollo anual, dicotiledónea que normalmente alcanza una altura de 1 a 3 m.
Las hojas son anchas y polimorfas (con diferentes formas en la misma planta);
el tallo central comprende hojas lobuladas y quebradizas y puede tener ramas,
dependiendo de la variedad o densidad del sembrado; las flores son pequeñas y
carecen de pétalos. Son hermafroditas y generalmente se autofecundan. El fruto
es seco y mide aproximadamente 2 mm de diámetro (de 250 a 500 semillas/g),
rodeado por el cáliz, que es del mismo color que la planta. Está considerado un
grano sagrado por los pueblos originarios de los Andes, debido a sus exclusivas
características nutricionales.
Posee los ocho
aminoácidos esenciales para el ser humano, lo que la convierte en un alimento
muy completo y de fácil digestión. Tradicionalmente, los granos de quinua se
tuestan y con ellos se produce harina. También pueden ser cocidos, añadidos a
las sopas, usados como cereales o pastas e incluso se fermentan para obtener
cerveza o chicha, bebida tradicional de los Andes. Cuando se cuecen adoptan un
sabor similar a la nuez.
La quinoa molida se puede utilizar para la
elaboración de distintos tipos de panes, tanto tradicionales como industriales,
ya que permite mejorar características de la masa, haciéndolo más resistente,
lo cual favorece una buena absorción de agua. Esto se incrementa si se utiliza
una mezcla de quinoa y amaranto morado (o alegría). Se efectuaron estudios
comparativos de panes, en uno de los cuales se utilizaba una mezcla de quinua y
amaranto, y en otro maíz y amapola; y en dicha evaluación se observaron
diferencias en la absorción de agua.
La harina de quinoa se produce y comercializa
en Bolivia, Perú y, en menor cantidad, en Colombia. En dichos países, sustituye
muchas veces a la harina de trigo y enriquece así sus derivados de panes,
tortas y galletas. Desde el año 2007 se está desarrollando su cultivo y consumo
en el norte de Argentina y el norte de Chile, y el 20 de febrero de 2013 la ONU
declaró el Año Internacional de la Quinua.
Uno de sus platos típicos de la zona del
Cusco es el pesqué o peské, que se prepara con leche, quinoa
y queso y se puede combinar con huevo frito e incluso con un trozo de churrasco
de carne; también se utiliza cada vez más para relleno de empanadas.
Un problema para la masificación de la
producción de quinoa es que posee una toxina denominada saponina que le otorga
un sabor amargo característico. Esta toxina suele eliminarse a través de
métodos mecánicos (pelado) y lavando las semillas en abundante agua.
En nuestro país también se está
redescubriendo este grano. Pese a ser un cultivo originario, forma parte del
Código Alimentario Argentino desde el último mes. El interés que suscita en
términos productivos es más bien incipiente. Entre los pocos grupos académicos
que se han interesado, se destaca el que lidera la Dra. Sara Maldonado en la
Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Al respecto podemos leer una nota
completa en:
La
plaza de Alvear a la siesta queda adormilada por un murmullo de hojas.
Deslizadas al ras del suelo. Es el sur, pero sigue siendo desierto. El niño de
piel oscura y ojos curiosos juega despreocupado. Su cara ríe junto a un amigo.
Más tarde se suman otros. Asoma una pizca de líder. Una manera entre vehemente
y altanera. Cierto rencor que le domina las tripas por el juguete que perdió.
No importa. Él lo va a recuperar pronto.
En un
rapto de quietud, se queda mirando. La plaza. Está bonita. Qué lindo ir por
ahí. ¿Todos los lugares tienen plaza? ¿Podría adornarse más? Es cálida. La
plaza. Es contenedora.
……………………………………………………………………………
El
joven la mira. La dejó atrás por unos años, junto con su pueblo. Pero ahora que
la vuelve a ver, le sigue pareciendo bonita. Aquella que convoca, que saluda,
que alberga al hombre que camina. Al taciturno. Al que necesita un poco de
tranquilidad. A los grupos. A las reuniones. Le cuenta cosas a la plaza.
Intimidades. Ya me recibí, ¿viste?Vi
muchas, en el Este, pero como vos, ninguna. Ahora me voy a la principal, a tu
compañera, la quiero dejar linda, quiero que sea la más linda de todas.
Se va y
llega acá. La mira, como sólo él las sabe mirar. Es más grande que la natal. Ve
su fuente. El escudo. Recuerda entonces, que era por esto que quería volver.
Anhelaba el paso cansino de sus vecinos. Quiere embellecerla. Tejerle un camino
lleno de caminantes a su costado. Con mesas de cafecitos para que la honren.
Con canteros. ¡Y una pérgola! ¡Qué bonita quedaría! Y al otro costado, una
avenida de aquellas… Una peatonal al servicio de la plaza más bonita que ha
visto.
……………………………………………………………………………
Hoy
está preocupado. Piensa. ¿Por qué me atacan? ¡Cobardes! ¡Den la cara, carajo!
Es verdad lo que yo digo. No se puede caminar por las calles. Necesito que
estén limpias. Los manteles no quedan bien. ¡La contaminación, mierda! ¿No se
entiende lo que digo? Esta es una ciudad en flor. Tiene que ser el emblema. El
emblema.
……………………………………………………………………………
Es joven pero ha quedado solo. De vuelta
del funeral, el trabajo será a partir de ahora algo para aferrarse. Mis hijos
comprenderán. El pucho. Mi compañero fiel. En momentos de desazón del alma, de
emociones descontroladas, está bueno pensar en todo lo que hay que seguir
haciendo. La Alameda. La plaza fundacional quedó espléndida. Voy por el Parque.
Dueño absoluto del reloj de sol. De una Nave como extraterrestre. Una Nave
Cultural. Tengo que dejar todo en orden. Hay que seguir haciendo. Ella me reclama.
……………………………………………………………………………
La oficina está vacía. Se va de allí
porque necesita respirar. Mañana volverá más firme. Se sienta en un banco del
Barrio Cívico. Contempla el Palacio de Justicia a su costado. Enfrente, la Casa
de Gobierno. Estuve cerquita. Los árboles. ¡Qué lindos! ¡Árboles en el
desierto! Ellos hicieron alguna vez una hazaña. ¿Por qué yo no, algo más
pequeño? Sonríe. Está solo. Le duele. Los recuerdos le vuelven, le fluyen, le
brotan. La ciudad. Qué ingrata fue algunas veces. Pero cuántas satisfacciones
por otro lado. Qué contradictoria, la vida. ¡Tiene tanto por hacer! Pero poco
tiempo. Quedó linda la San Martín. Y ni que contar la Arístides. Y en el otro
lado, el persa. ¿Está todo bien?
Entrecierra los ojos, el sol pega alto. El
sol de la siesta. El de la plaza. El de la plaza. ¿De acá, o de allá? No se
acuerda. Tan sólo por un segundo, pero pasa. ¡Sí, ahora sí! Sabe con seguridad.
La plaza de la ciudad maravillosa.
El Intendente está cansado, pero no es la
hora aún. Cuántos recuerdos. De viejas peleas. De nuevos enfrentamientos. Esta
vez con su cuerpo. Que sigue siendo joven, pero no sirve de nada. Y su esposa,
su mujer, ¿dónde está? ¿Por qué no está con él? Se fue pronto. Tan joven. ¡Puta
madre! La soledad lo acucia de a ratos. Pero no se lo puede permitir. La
ciudad. Cierto, la ciudad. Sí, ella me espera, así como mi mujer. La plaza. Un
legado más. Un último esfuerzo. Vamos por ahí. A seguir luchando, nomás.
……………………………………………………………………………
Y un
día el Viti se fue a embellecer otra plaza, allá, en el cielo. Ahora no vuelve.
Es hora del descanso. Lo único triste es
que la ciudad se quedó huérfana.
Título: Last tango in Paris.Dirección: Bernardo Bertolucci. Producción: Alberto Grimaldi. Guión: Bernardo Bertolucci- Franco
Arcalli. Música: Gato Barbieri. Fotografía: Vittorio Storaro. Protagonistas: Marlon Brando- María
Schneider- Jean Pierre Léaud- Massimo Girotti- María Michi- Catherine Allegret. Italia- Francia, 1972.-
Es escaso lo que podamos decir sobre
este film que ya no se haya dicho, ni debatido, polemizado, chismoseado,
criticado, analizado o visto entre líneas. Por lo que fuera, esta película
merece ser desmenuzada una vez más porque ha pasado a la inmortalidad.
La obra magistral de Bernardo Bertolucci
despliega con todas sus alas un relato sentido, vívido, poético, tristón,
nostálgico y tremendamente depresivo a la vez que bello en imágenes y
sensualidad.
Esta es la historia de un duelo.
¿Cómo se reacciona ante la muerte trágica de un ser querido? De muchas formas y
maneras. Hay una en particular: COMO SE PUEDE. Seguramente aquí debería haber
una explicación más racional y psicológica del tránsito más penoso que se pueda
experimentar en la vida, pero no disponemos de ella y traslucimos sólo lo
irracional y animal.
Eso es lo que le pasa al personaje
de Paul (Marlon Brando). En estas circunstancias conocerá de manera azarosa a
Jeanne (María Schneider) y le “servirá” como catarsis de sus más oscuros
sentimientos y pensamientos.
El relato nos habla del choque
romántico entre dos seres necesitados de cariño y que no encuentran otra manera
de hacerlo sino a través de visitas sexuales esporádicas en un viejo departamento
en alquiler, en donde el mundo queda excluido para beneplácito de ambos y
experimentan algo de satisfacción en medio de tanta angustia. Ella también,
aunque no lo parezca. Su novio no calma sus inquietudes de niña camino a adulta
y su vida transcurre entre demasiados recuerdos de un padre con el que todavía
está procesando su propio duelo. Los dos entonces, transitan ese camino
insoportable hacia la liberación que no llega.
Estos seres arrojados al mundo,
plenamente existencialistas, dotados de una sensibilidad que no se entiende,
con el alma en la mano y el espíritu destrozado, se prodigan mimos al punto de
enamorarse. Ninguno sabe el nombre del otro, y sin embargo se han apegado hasta
la locura, la que se verá reflejada hacia el final.
La película es famosa por su escena
tan polémica de la manteca. ¡Qué lástima que pasó al estrellato esta
insignificante parte de la trama, cuando hay elementos representativos mucho
más importantes que ese!El sentimiento
de soledad absoluta, la incomprensión de un mundo que obliga a comenzar de
nuevo, una y otra vez, el duelo mal llevado, la tristeza infinita.
No sabemos aún si la mejor
interpretación de Marlon Brando (1924- 2004) es la de Apocalypse now (Francis Ford Coppola, EEUU, 1979), la de El Padrino (Francis Ford Coppola, EEUU,
1972) o ésta. En todas es simplemente perfecta. Genial. No hay fisura alguna y
el Paul de Brando es un hombre desilusionado y al que nada le encuentra
sentido. Demasiado ya le ha pasado para que se pueda seguir adelante. Es
sobrecogedora la escena del monólogo, quizás uno de los mejores monólogos de la
historia del cine, y sobrecogedora también toda su actuación desde que se ha
prendido la cámara hasta que se ha apagado. Pareciera incluso que Bertolucci se
inspiró en su propia persona para perfilar a Paul, puesto que es un hombre que ya
está cansado, ha tenido una infancia difícil, ha sido boxeador, actor, luchador,
se ha retirado a Tahití y luego ha ido a parar a París en donde siente que vale
nada. Por otra parte, se ha convertido en un hombre cruel: no tiene la más
remota idea del daño que puede provocar mientras está experimentando su dolor,
sobre todo hacia esa niña- mujer que acaba de conocer y que puede calar hondo
en su interior.
María Schneider (1952- 2011) se ve
joven, bien vestida y por momentos en escenas bien actuadas. Coloca su cuerpo y
de alguna manera su alma. Es una película bien misógina en el sentido de
mostrar al personaje femenino en desnudos totales mientras que en el masculino
sólo se logra ver de lejos una cola a medias. Tal vez algunos dirán que es más
bello el cuerpo femenino y eso hace a la belleza, blah, blah, blah. No nos
convence el argumento. Esta ha sido una visión cosificada. De todas maneras le
sirve al film absolutamente, puesto que la finalidad es mostrar la visión de
Paul, que en esos momentos ve a los seres humanos como cosas.
La dirección de arte es impecable,
con las imágenes más lindas de un París elegante pero ajeno y lejano al
ciudadano. Ni que hablar de la fotografía y las composiciones, que, cual cuadro
minuciosamente pintado, elaboran un panorama melancólico y bucólico al mismo tiempo.
La música merece una importante mención.
El argentino Leandro “Gato” Barbieri (Rosario, 1932) pasó a la historia con esta composición que
merece tenerse en los mp3 o cualquier reproductor para ser escuchada una y otra
vez. Su jazz es ese que arranca el corazón cuando uno escucha su saxo, el que
nos recuerda a Coltrane o Sanders, pero también el que enfila hacia el futuro
con fusiones del jazz típicamente negro (a lo bien New Orleans y que nos gusta
tanto) y el jazz sudamericano. Para hurgar un poco más sobre este artista del
carajo no tienen más que ir a youtube
y encontrarse con este link, entre otros:
Bernardo Bertolucci es un dotado en
su toma y en lograr una atmósfera expresiva. Nació en Parma, Italia, el 16 de
marzo de 1941. Estudiando en la Universidad de Roma se fue perfilando como
poeta, al tiempo que filmaba cortos en 16 mm. con su hermano. Su primera
incursión en el cine profesional fue de la mano del director Pier Paolo
Passolini (1922- 1975) en el film Accatone
(Italia, 1961), una decisiva influencia a la hora de filmar. Un año después se
lanzaría solo en La commare secca. Los
personajes de Bertolucci son complejos, reflexivos, taciturnos y solitarios,
con presiones exógenas que los impulsan a ser más encriptados aún. El manejo de
la profundidad de campo y de composición de la imagen es digno de mención.
Por todo, la película es redondita.
No hay en ella atisbos de error. Merece ser catalogada entre los himnos del
cine. En este caso, un himno al duelo. Aquel que desgarra, mutila y aplasta. No
sin antes permitirse un último deseo. Un último baile en la ciudad de las luces
acompañado de ese impulso que nos da el eros,
y que no es otra cosa que la vida misma.
Caminaron hasta el centro de la pista. Enfrentados,
el extendió su brazo derecho que abrazó la cintura, en un gesto casi femenino. Este
gesto y el largo cabello engominado atado con una cinta en la nuca, eran los
únicos detalles que atenuaban la firmeza de su estampa viril. Ella colocó su
mano izquierda, apenas en un suave contacto en el hombro de él, contacto que
através de la danza se iría acentuando
para convertirse en apoyo y abrazo.
Negra era la vestimenta de él, y también el
color elegido para el vestido de su compañera que se engalanaba por la cintura,
colmada de lentejuelas, y que se prolongaban en los finos breteles cruzados en
la espalda, remarcando aún más la tersura de la piel.
La mano derecha del varón bajó hasta
encontrar un hueco en su cintura, donde era capaz de ejercer la presión
suficiente para dirigir la danza. Las manos libres se encontraron en el aire,
completando la figura inicial, elegante y estática, sus rostros vueltos en
sentidos opuestos, como cara y ceca de las monedas.
Los primeros acordes de la música los
alertó, parecían dos rivales al comenzar una lucha, ninguna emoción se
reflejaba en sus rostros serios y concentrados.
Al primer avance del varón, correspondió un
retroceso de la mujer, que con elegancia y soltura realizó ochos cruzados, sin
vacilaciones, increíblemente segura sobre los zapatos altos de finos tacos…
La danza continuó mientras la letra del
tango hablaba de milonguitas engañadas, francesas soñando con volver a París y
deleterno sufrimiento de las madres
derramando lágrimas por sus hijos.
Ningún gesto revelaba los sentimientos de
los bailarines: eternamente lejanos, parecía quenada podía conectarlos, encerrados cada uno
en sus propios misterios…
El varón de pronto marcó el gesto para dar
lugar a la improvisación de la mujer… plantada con firmeza, ésta pareció
despertar de un letargo: sus giros, tirabuzones y puntas tenían una gravedad y
un apasionamiento visceral, mientras la falda, cómoda y sedosa marcaba debajo
de la tela el sugestivo movimiento de sus piernas, resaltadas por la negritud
del color…
Al finalizar sus giros, su mirada se centró
en el rostro de su compañero, y con un gesto de altivez, se entregó nuevamente
ala marcación que éste señalaba.
A partir de allí un cambio en la atmósfera,
acalló las voces tenues del salón, que pareció transformarse, para contemplar
atónitos el rumbo del tango: se sumergieron en idas y vueltas, figuras planteadas
y resueltas, ambos bailarines en una perfecta unión que ya no requería de
acuerdos o marcaciones.
Era la conjunción perfecta y armoniosa, que
se reflejaba en sus rostros, en las gotas de sudor que aparecieron, humedeciendo
sus frentes, en la respiración rápida y ligera que acompañaba su esfuerzo, en
el brillo radiante de sus ojos, en las mejillas encendidas que ahora se unían
en la emoción, en sus cuerpos que se acercaban buscando una expresión sublime
del baile…
El compás final los encontró atónitos e
inmóviles: él con una arrogancia similar a la de un torero en plena lidia, con
su mirada altiva y lejana, a ella con una rodilla flexionada, casi en postura
de plegaria, mientras la otra pierna se extendía gloriosa rozando el suelo, como
en una entrega final a su compañero, con su rostro hacia el cielo
…Se deshizo el abrazo y por un instante se
miraron como reconociéndose, luego de un sueñoo un asombro.
Ella se sentó y comenzó a cambiar sus
zapatos por unas zapatillas multicolores, él se aferró a la botella de agua
para calmar la sed, cada uno en sus pensamientos…
La bailarina dijo quedamente: es tarde, me
voy, hasta la próxima… Y bajó por las escaleras… él, todavía sediento y sereno,
tomó otro trago de agua y se despidió.
La lección de tango había terminado sobre
los zapatos de altos tacos, y así continuaron por largos momentos, en avances y
retrocesos, armando y completando complejas figuras que se ejecutaban rozando
apenas el suelo.
El varón ordenaba, sojuzgaba y dirigía el
baile… a lo lejos, la melodía del tango hablaba de milonguitas prostituidas, de
francesitas engañadas que lloraban a París, de hombres solitarios ante la pérdida
de un amor y de la dedicación y cariño de las madres sufrientes.