martes, 11 de noviembre de 2014

Turismo y medio ambiente: Sobre el Parque Nacional El Leoncito en la provincia de San Juan


Turismo y medio ambiente

Sobre el Parque Nacional El Leoncito en la provincia de San Juan

 

Por Mariana Xiccato

 

     Una Reserva Natural es un Área que como su nombre lo indica es natural y que a su vez se encuentra Protegida. Es decir es un espacio geográfico que ha sido seleccionado para su preservación por poseer ciertas características relevantes en cuanto a  sus riquezas hídricas, biológicas (flora y fauna), sus bellezas paisajísticas y sus valores tanto a nivel histórico, arqueológico como paleontológicos (fósiles).

     El “Parque Nacional El Leoncito”, fue creado bajo el status de Reserva Natural Estricta en el año 1.994 por el Decreto Nacional 46/1994 y como veremos esta denominación es anterior a la creación de este parque.

     Esta designación está basada en el Decreto Nacional nº 2148/1990, que considera a la diversidad biológica de un país como su riqueza de vida, compuesta por millares de especies de plantas, animales y microorganismos, los genes que contienen y sus ecosistemas que ayudan a constituir nuestro medio viviente.

     Este decreto sostiene que el mantenimiento de nuestra calidad de vida y supervivencia depende en alguna medida, de la conservación de la diversidad biológica. Más allá de las razones éticas y culturales que podamos tener, las especies de plantas y animales silvestres nos proporcionan alimentos, medicinas y materias primas indispensables para la elaboración de innumerables productos industriales.

     Se considera también que la actividad humana ha acelerado extraordinariamente durante los últimos siglos, la desaparición de algunas especies y este proceso sigue avanzando de manera alarmante.

     Por todo esto considero imperioso reglamentar la conservación de la diversidad biológica, recurriendo para ello al establecimiento de áreas naturales protegidas y si bien nuestro país ya contaba con una reglamentación al respecto, se consideró insuficiente en cuanto a la cobertura que hace de la misma y en su categoría de manejo.

     Al no ofrecer estos sistemas anteriores las máximas garantías de preservación, resultó imperioso crear la categoría de RESERVA NATURAL ESTRICTA, que reduce al mínimo la interferencia humana directa en las áreas que con esta determinación sean designadas, asegurando que las comunidades naturales y los procesos ecológicos se desarrollen en forma natural.

     A partir de esta reglamentación todas las tierras que se seleccionen para constituir la red de Reservas Naturales Estrictas, pertenecerán al dominio de la Nación. Se designaron en esa categoría sectores de los parques nacionales existentes.

     El Parque Nacional El Leoncito se encuentra ubicado sobre los faldeos occidentales de las Sierras del Troncal (Precordillera), en el departamento de Calingasta, en el extremo sudoeste de la vecina provincia de San Juan y fue declarado Parque Nacional el 15 de Octubre de 2.002 según la Ley nº 25.656.

     En dicha Ley, la provincia de San Juan cedía la jurisdicción de esta Reserva Natural Estricta al Estado Nacional, quedando el mismo sometido al régimen de la Ley nº 22.351 que rige la creación de nuevos Parques Nacionales, Monumentos Naturales o Reservas Nacionales, con el fin de protegerlas y conservarlas  para investigaciones científicas, educativas y el goce de las presentes y futuras generaciones de nuestro país.

     La jurisdicción de la reserva fue efectuada a través de la Ley Provincial Nº 6.764, sin embargo en esta ley la provincia de San Juan se reserva el derecho de revocarle al Estado Nacional dicha concesión, si en el término de 2 (dos) años desde la promulgación de la misma, la Nación no diese a este territorio el destino establecido.

     El parque se encuentra ubicado a 2.552 metros sobre el nivel del mar y posee 89.706 hectáreas, en las que se entremezclan la ecorregión de Monte de Sierras y Bolsones, que ocupa el mayor porcentaje de tierras dentro de la reserva, Puna y Altos Andes.

     El mismo resguarda una muestra en buen estado de las comunidades típicas de las Precordillera Cuyana, sitios históricos, yacimientos paleontológicos y áreas de interés arqueológico incluyendo parte del trayecto conocido como “Camino del Inca”.

 

     Por sobre los 1.600 metros sobre el nivel del mar se desarrolla una vegetación rala, compuesta por pequeñas hierbas adaptadas a la rigurosidad del frío, la nieve y el viento. Habita el chinchillón, una especie de roedor, cóndor andino. Es probable que la rigurosidad climática y las fluctuaciones estacionales de los insectos, principal alimento de los vertebrados, determinen que las poblaciones no sean abundantes, que sean pocas las de hábitos nocturnos y que el 40% migren de la zona en invierno.

     Con la creación de esta “Área Nacional Protegida” se busca evitar posibles efectos erosivos y contaminantes, garantizando de este modo las cualidades atmosféricas de la región. Su limpieza y diafanidad, con un número cercano a las trescientas noches despejadas por año lo colocan como uno de los mejores sitios a nivel mundial para la observación de astros y por ello sobre el macizo cordillerano resaltan dos complejos astronómicos de gran importancia nacional y mundial.

     Funcionan entonces allí:

·        Complejo Astrológico El Leoncito (CASLEO): Creado en 1.983, constituye uno de los centros mejor equipados de nuestro país. Posee un telescopio de alta complejidad que brinda servicios tanto a investigadores nacionales como extranjeros.

·        Observatorio Astronómico Dr. Carlos U. Cesco: Inaugurado en marzo de 1.965. Se realiza aquí el programa de Movimientos Propios Australes, con el cual se obtienen fotografías de los 958 sectores en que se encuentra dividido el cielo del Hemisferio Sur. Depende del  Observatorio “Félix Aguilar” de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan.

 

 

     Este Parque puede recibir visitantes durante todas las estaciones del año ya que nos mostrará paisajes diferentes en cada una de ellas.

     El centro poblado más cercano es Barreal que se encuentra a una distancia de 35 km. Este centro turístico posee una variada oferta turística tanto en el sector hotelero como gastronómico.

     Este parque se encuentra a 210 km de la ciudad de Mendoza. Para llegar al mismo se debe acceder por RN 40 hacía San Rafael, luego de 30 km se empalma con la RN 7 en dirección hasta la Villa de Uspallata. Una vez en esta localidad se debe dirigir por la RP 39 que, pasando por el monumento sanmartiniano de Las Bóvedas, conduce hacia el límite con la provincia de San Juan, a mano izquierda comienza a asomar la enorme planicie desértica del Barreal Blanco o Pampa del Leoncito, mientras a mano derecha se observa el desvío que ingresa al Parque Nacional El Leoncito.

     Las actividades que el visitante puede realizar son las siguientes:

- Sendero peatonal que lleva hasta la Cascada “El Rincón” sitio ambientado por el arroyo.

-        Sendero peatonal “Paisaje de Agua”. Es un sendero autoguiado temático, donde el visitante podrá valorar la importancia del recurso hídrico para la existencia del hombre.

 -Sendero de trekking de dificultad media hasta el cerro El   Leoncito, de una duración aproximada de 4 horas.

-        Circuito vehicular guiado hasta la Virgencita en la Serranía del Tontal, pasando por las pampas de las Cabeceras y el Rancho del Cura, sitio de interés histórico.

-  Los observatorios pueden ser visitados todo el año.

- Charlas educativas a cargo de Guardaparques.

 

El presente trabajo ha sido presentado para la cátedra Turismo y Medio Ambiente de la carrera de Licenciatura en Turismo de la Universidad Champagnat coordinado por la Prof. María Julieta Escayola

sábado, 8 de noviembre de 2014

Poesías: Surryalismo 3ª parte


Poesías

Surryalismo

3ª parte

 

Por María Julieta Escayola

 

He trepado montañas

Con mis uñas y mis dientes

He escalado mares

Con mis pezuñas y mis manos

Subí colinas y archipiélagos

Y vi un pingüino malherido

Lo curé como hace el olvido

Y sufrí por penas impacientes.

Vine para ayudar pero también para curar

Vine para pelear pero

Para ser indolente

Me transformé en intolerante

Por todo aquello que levanté

Y es que cuando veo la inconstancia

La estupidez y la indiferencia

Me convierto en hielo, espina y temblor

He alcanzado el Everest

He trepidado lo suelos

Por todo esto es que no entiendo

Ni empatizo

Ni comprendo

Ni califico

Me convertí en llama

Pero también en manada

Subí los peldaños uno a uno y con esfuerzo

Por eso, por esto y por aquello

Siempre tuve que subir

No pude elegir

Por eso, por esto y por aquello

Por esto y por aquello también

Es que no entiendo

Por eso

Por esto

Y por aquello…

Es que no bajé nunca.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Ficciones: Cuando él se volvió invisible ante mi mirada


Ficciones

Cuando él se volvió invisible ante mi mirada

Por Mabel Fernández

    -Señora, usted no entiende… a su padre lo trajeron de la calle con un paro cardiorrespiratorio y no pudimos hacer nada por él.

    Claro que no entendía, cómo sabía esta persona de ambo blanco, que el que estaba detrás de esa puerta era mi padre, quién  lo conocía a este médico?  Acaso yo, no tenía derecho a enojarme?     Si apenas hacía unas horas se había ido de mi casa, con el pelo aún mojado después de una tarde de  pileta.   

    Por mucho tiempo no existió un solo día sin que lo esperara, antes papá venía en su bicicleta azul por la mañana y por la tarde. El parque San Martín y unas pocas cuadras más, era la distancia entre su casa y la mía, alguna excusa simple lo traía para estar un rato con mis chicos.

    De a poco entendí que la puerta que se abría y la silueta de la “azulcita” en el patio de mi casa, estaban solo en mi cabeza, pero yo necesitaba despedirlo, era algo tan fuerte en mí, tan irracional como su desaparición.

    Una y otra noche  me encontraba en el barrio de mi infancia, nunca supe qué hacía tanta gente de espaldas, en la penumbra… la iluminación de esa esquina era pésima.

    Todas las noches se repetía la misma escena, mis ojos buscando entre las personas sin rostro. El campo visual absolutamente neutro, mi alma agitada.

    Unos meses más tarde, entre las sombras de ese compacto de espaldas indiferentes  reconozco  a mi padre, que volteó rápidamente su cabeza y posó su mirada sobre la mía. Yo ya no tenía modales, empujaba con tanta fuerza a la gente, trataba de abrirme paso a codazos, gritaba sin voz, porque no podía emitir sonido alguno… Lo perdí, si, lo perdí sin remedio pero lo que me ponía rabiosa, era que se hiciera invisible ante mis ojos,  una decisión planeada por él, vaya a saber con qué propósito, que despertó en esta mente mía el deseo que se repita ese encuentro para poder alcanzarlo.

    Ya no volví a esa esquina, lo intentaba, pero el caprichoso sueño me llevaba a otros lugares.

    Ahora estaba vestida de blanco, sentada en el último asiento del colectivo 606, lo había tomado en la plaza Brandsen, rumbo al centro, creo que lucía  etérea como la gasa de mi largo camisón. Era una mañana luminosa de primavera en esta ciudad. Los pasajeros no me registraban, nadie me miró, pero yo los veía a todos, como siempre buscando…

    No entiendo de donde apareció, pero ahora lo tenía a escasos centímetros de mi mano estirada. Lo llamé emocionada, no se me podía escapar, esta vez mi papá vendría conmigo a confortarme, tenía que contarle tantas cosas, tenía que decirle tantas otras, que por tonta no se las había dicho antes… un te quiero papi.

    Estupefacta quedo detrás de dos tipos que se interponen en mi pretendido descenso del vehículo, él  lo había logrado nuevamente, ni bien la puerta se abrió bajó sin mirarme, tuve que esperar otra parada para que el colectivero me dejara descender, el dedo índice de mi mano derecha quedó con un hoyo del tamaño del timbre que apreté  durante todo ese recorrido.

    Había seguido con la mirada el paso veloz con el que papá pasó por delante del 506. Sin dudarlo lo seguí.

    Con un buen presentimiento entré en la Municipalidad y pregunté por él, todo era tan normal, como si todos lo conocieran, una amiga de la adolescencia que se trasladaba en una silla de ruedas, me indicó con mucha seguridad que debía subir a la torre donde el reloj se enfrenta a la Catedral, dejando a la Plaza Moreno entre medio.

    Sorprendente… El reloj estaba volcado, como esos relojes de bolsillo antiguos que  se abren por un eje que une las dos partes, de manera que la hora solo la veían los transeúntes que  caminaban por la vereda del palacio municipal, dejando ante mi mirada ya relajada un muy cuidado laberinto verde brillante, que ocupaba lo que sería la espalda del reloj que había quintuplicado su diámetro.

    Un cielo sin nubes, con un sol primaveral que lo sentía en mi piel con agrado. Reinaba una paz increíble. Una vez que experimenté esa sensación, bajo mi vista, en un lago que reflejaba en sus aguas el color del laberinto, quizás de un verde esmeralda más tenue, mi padre nadaba como solo él podía hacerlo, sin que en cada brazada ni una gota de agua salpicara la superficie.

    Al lago se podía llegar por una escalinata con un pasamanos dorado, pero no bajé, sin lugar a dudas me había llevado a su paraíso para que yo pudiera recordarlo cada tanto, con la seguridad que él estaría bien por siempre.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Teatro: Pinti recargado: Clases magistrales. Recargadas no, reflexivas


Teatro

Pinti recargado

 

Clases magistrales. Recargadas no, reflexivas

Por María Julieta Escayola


Unipersonal de Enrique Pinti- 22 y 23 de agosto de 2014- Enjoy Casino, 22 horas- Mendoza, Argentina.-


Los excesos de Enrique Pinti arriba del escenario se traducen nada más ni nada menos que sabiduría y exhortación a la reflexión. Detrás de las risas a granel que nos ha provocado por generaciones, se esconde una ácida visión de la Argentina política, social, cultural y hasta familiar.

Lo consideramos uno de los mejores historiadores del país hace ya tiempo. Desde sus monólogos en que hablaba de nuestro origen, aquel que nos dice que venimos de los barcos y que por esa razón el crisol de razas hizo que seamos “lindos” con culos rosados y ojos violetas. Lo adoramos. La afirmación tan ocurrente ya no la utiliza para su espectáculo, sino que ahora lo actualiza, y se agradece. Eso habla de él como un artista serio, comprometido, que ha preparado su función con responsabilidad y que no subestima al público. Ha tenido la inteligencia de adaptar la obra para el interior sin minimizar la seriedad que eso implica.

El actor deja huellas con su propia visión de la Historia argentina y de cómo se fueron dando los acontecimientos a lo largo de los gobiernos argentinos. Irónico y con remates oportunos, su hábitat natural está arriba del escenario y maneja sin dificultad la hora y media que él, y sólo él carga a sus espaldas. Es digna de mención la energía descomunal que deja (y siempre dejó) en las tablas.

Prácticamente no hay escenografía. Sólo se ha dispuesto una mesa, atrás una silla en que a veces se sienta, una jarra, un vaso de agua y un par de papeles que le ayudan en algunas partes. Eso es todo.

La iluminación tampoco es gran cosa y él mismo ordena en escena en qué momentos claves debe aumentarse, como cuando lee el juramente que hacen los políticos o una traducción de Quevedo realmente hilarante.

En algunos tramos nos reímos con ganas. En otros un poco menos. Y definitivamente en algunos específicos nos reímos para no llorar. La reflexión a la que nos lleva permite extraer un poco de tristeza en medio de la comedia. Pero justamente es en eso en que radica su genialidad.

Además de la clase de Historia nos da una de Teatro. Desde los griegos, creadores del Teatro occidental, las tramas son Tragedias que nos permiten filosofar y arribar temas como la Muerte, la Justicia o la Tristeza; como también son comedias para descomprimir en un lenguaje más coloquial, zarpado si se quiere, pero no menos brillante y sagaz. Ese es el teatro que Pinti anhela. Las dos caras presentes. Y eso lo que nos brinda.

También nos da una clase sobre su vida. Nos comenta sus comienzos en el off y de cómo siguió hasta el estrellato al punto de transformarse en un ícono argentino del café concert, hoy mezclado con el stand up. Pero que no es otra cosa que el monólogo, y es en este punto que debemos hacer una salvedad. Decimos monólogo porque es más propio de la revista, aquella típica que nace, crece y se reproduce a orillas del Río de la Plata (de todas maneras no deja de existir en otras latitudes) y que está emparentada con la crítica mordaz, aguda. El stand up tiene raíces norteamericanas y sus remates simpáticos son más naif.

Enrique Alejandro Pinti trabajó y estudió a la vez en el Nuevo Teatro, compañía independiente creada por Alejandra Boero y Pedro Asquini en 1949.  Allí comenzó a protagonizar obras como también escribió y dirigió, incluso espectáculos infantiles. Más tarde participó en cine y comenzó a crear libretos para programas de televisión (como La Botica del Ángel, conducido por Eduardo Bergara Leumann).

A partir de 1973 comenzó a dedicarse a los shows unipersonales, entre otros: Historias recogidas (1973 a 1975), Historias recogidas II (1978 a 1979), El show de Enrique Pinti (1980 a 1981) y Vote Pinti (1983).

En 1984 se estrenó Salsa criolla, catalogada como saga histórico- musical que recorre la Historia desde el descubrimiento de América hasta esos días. La obra se transformó en un verdadero emblema del porteñismo y se convirtió en éxito premiado para el teatro y para su propia carrera.

Artista polifacético, siguió escribiendo, colaboró en revistas (Caras y caretas- 1980), actuó en cine y TV y grabó videos (Salsa criolla- 1994) y discos (incluido su hit Quedan los artistas-1991).

Como actor, un tanto subestimado, ha participado en verdaderas joyitas del cine como Esperando la carroza (de Alejandro Doria, Argentina, 1985), en que interpreta al entrañable personaje de Felipe, aquel borracho que promete no tomar más cuando ve a la muerta viva. ¡Cómo no recordarlo en esa cinta! ¡Faa!

Columnista de radio (Magdalena tempranísimo- radio Continental), humorista, cantante improvisado, intérprete de comedias musicales (Los productores- 2005), Pinti es excesivo, intenso, talentoso. Se ha caracterizado por su forma de expresión, desenfadada y sincera; su ritmo vertiginoso y su rapidez para ponerle nombre sencillo a las cosas que parecen híper complicadas.

En 2011 estuvo en el Teatro San Martín con El burgués gentilhombre de Moliere. Y con esto claramente se comprueba que Pinti puede hacer lo que se le venga en gana porque es claramente un Actor de raza. Su café concert no es vulgar y soez porque lejos está de serlo. Pinti puede lograr precisamente esta versatilidad por la simple razón que no es un pseudo intelectual. Porque no hay ningún tipo de superficialidad en lo que hace.

A punto de cumplir 75 años (nació el 7 de octubre de 1939) en estos días se lo puede ver como jurado en el programa de televisión Tu cara me suena.

Aquí en Recargado (y lamentamos que hayan puesto ese título tan trillado y poco creativo porque no hace gala de la función que posteriormente vimos) el showman nos regala una visión realista y tierna de la adultez. Nos advierte sobre los efectos colaterales de la tercera edad, pero a la vez la riqueza que encierra llegar hasta ese punto del camino. Obviamente, llegar como él, con una lucidez en sus apreciaciones que son de excepción.

Y por supuesto que no deja de putear como sólo él sabe putear. No cualquiera puede decir pelotudo con el mismo significado y en la forma justa y precisa con que él lo hace. Como decía Fontanarrosa, la clave está en la T. Y Pinti es un verdadero maestro a la hora de hacer hincapié en la T.

Finalmente, nos da una clase familiar. Es lo más lindo. Cuando nos cuenta una anécdota de su infancia que nos explica por qué razón siempre, SIEMPRE hay que priorizar la familia antes que la política. Que lo que separa a las amistades y a la parentela es muchas veces lo ruin que puede llegar a significar en muchos aspectos la política. Nada tan cierto como eso.

Por todo lo expuesto, podemos decir que Pinti es un emblema. Nos da una clase magistral. No recargada, ni soez, ni vulgar, sino reflexiva. Sigue dando que hablar al tiempo que no deja de ser creativo.

Pinti ya es un monumento más a la cosmogonía de Buenos Aires.

jueves, 30 de octubre de 2014

Ficciones: Aquel zapatero


Ficciones

Aquel zapatero

Por María Guillermina Volonté

    Cada vez que me hacen un reportaje para alguna revista o suplemento literario, cada vez que leo una crítica sobre mi último libro publicado, o que recibo alguna mención especial por mis relatos, recuerdo a mi padre. ¿Cómo lo recuerdo? Siempre inclinado sobre ese trípode de acero donde instalaba los zapatos y con un martillo clavaba y clavaba hasta dejarlo en perfecto estado, él lo llamaba “su burro salvador”. Todavía hoy me parece percibir el olor a cuero, mezclado con el de  pegamento que utilizaba para su tarea. Porque mi padre, Santiago, era el zapatero remendón del pueblo.

    Nunca lo vi con un libro entre sus manos, a diferencia de Mariana, mi madre, maestra en la Escuela No. 1, que se sabía casi de memoria los clásicos de la literatura americana de los últimos años.

    Por eso grande fue mi sorpresa cuando luego que papá murió, me entregó una caja de zapatos que contenía decenas de poesías escritas por ese callado zapatero, que supo volcar en versos sus sentimientos:

 

“Yo era un hombre solo, que hacía el camino de la ruta inquieta.

Yo era un hombre solo que el camino andaba, un poco indolente y un poco poeta”… (*)

 

    Para luego declararle su amor a esa Mariana a la que, así, supo conquistar.

    Lo recuerdo y siento vergüenza de mí mismo, ya que muchas veces lo tildé de “zapatero bruto”… ¿Cómo no haber descubierto debajo de ese, su aspecto, tanta sensibilidad?

 

    Miro a Raúl, mi hijo, que a sus 14 años aún no ha perfilado sus inclinaciones y me preguntó qué pensaría aquel zapatero de este joven que solo se interesa por su computadora o por los mensajes de su celular. Que me mira con indiferencia cuando trato de sugerirle que deje esos jueguitos electrónicos y lea a Cortázar o a García Márquez.

 

    Ayer, recibí de sus manos un sobre con una leyenda, “Para mi papá Felipe”, ese sobre contenía un texto escrito con su letra aún de niño y, como cuando recibí la caja de zapatos de mi padre, sentí nuevamente el mismo asombro, la misma sorpresa:

 

“Tengo el alma sutilizada de tristezas,

una dulce, ignorada, pensativa tristeza,

que me llega quién sabe de qué abuelo lejano”… (*)

 

y no pude leer más, una extraña y húmeda nube me lo impedía…

 

(*) Versos de Miguel Ángel Volonté

lunes, 27 de octubre de 2014

Sociedad: Adiós al Maestro


Sociedad

Adiós al Maestro

A propósito de la sanción del Código Civil de 1871

Por María Julieta Escayola

 

Motivados por la reciente sanción del nuevo Código Civil y comercial que nos regirá desde el 1 de enero de 2016, decidimos hacer un último homenaje a Dalmacio Vélez Sarsfield, autor indiscutido del Código que rige hasta nuestros días.

Las reflexiones que han surgido hasta el momento se han dedicado a la nueva ley, mirando hacia el porvenir y a la incertidumbre que siempre traen aparejados los cambios. De allí las voces a favor, en contra o eclécticas y todo tipo de diversidad de opiniones. Incluso hasta algunas desopilantes.

No analizaremos las reformas ni haremos una ponderación sobre el mismo. Para eso disponemos de un año para saberlo y nos ampara cierta prudencia para pronunciarnos en forma determinante, POR EL MOMENTO.

En este año, los ciudadanos deberán empaparse del mismo, ya que están alcanzados por el principio general del Derecho que nos explica que la ley se presume conocida por todos y que de alguna manera obliga a formarnos. Será el momento de demostrar que vamos camino a una democracia participativa en la que estamos informados, formados, comunicados y que no se trata sólo de mayorías que opinan vacuamente, sino de verdadero involucramiento y conciencia. Para el caso de los profesionales del Derecho, deberemos estudiar para asesorar y guiar, sin características mesiánicas ni altanerías sin sentido, y sin tener en cuenta visiones sesgadas y a las apuradas.  

Por lo expuesto, este no es un artículo que se refiera a la reforma (advertidos están si desean seguir leyendo), sino que coloca su mirada en la importancia que tuvo (y tiene, a pesar de muchos) Vélez para el Derecho.

Dalmacio Vélez Sarsfield nació el 8 de febrero de 1800 en el pueblo de Amboy, en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba, Argentina, y al cumplir 20 años obtuvo su título de bachiller en leyes de la Universidad Nacional de Córdoba.

De acuerdo a las costumbres de la época, necesitaba algunos cursos más para su doctorado, pero para ejercer la abogacía requería tres años de práctica en el estudio de un profesional matriculado. Así, cumplió dos en el bufete del Doctor Dámaso Gigena y obtuvo la dispensa del tercero. Viajó a Buenos Aires en 1823 y se instaló definitivamente.

Deseaba dedicarse a la política, pero recién pudo concretar sus aspiraciones después de la batalla de Caseros debido a la persecución anterior que había sufrido de Rosas. Fue diputado por  Buenos Aires, ministro de Gobierno de Alsina y Obligado, ministro de Hacienda del presidente Mitre y ministro del Interior del presidente Sarmiento, desde 1868 a 1871.

En su desempeño jurídico, en 1834 comenzó con importantes publicaciones y no se detuvo más. Durante la gestión de Mitre, empezó con ahínco a trabajar la redacción de un Código Civil  para la República Argentina.

Lo más destacado y relevante de su elaboración eran las parsimoniosas notas mediante las cuales citaba las fuentes y en ellas su fundamentación, tanto para discrepar o para coincidir. No tenía colaboradores, sino amanuenses que pasaban en limpio sus borradores, como su propia hija Aurelia. En Floresta, donde se recluyó para la realización del trabajo, fue amontonando los borradores con enmendaduras, entrelíneas e intercalaciones contenidas en tirillas de papel que se cosían al margen. Los copistas sacaron ese ejemplar en limpio que fue pasado al Gobierno para su impresión y luego destruido.

En 1865 terminó el libro primero del proyecto de código y luego de cuatro años y seis meses de arduo trabajo quedó completada su obra en 1867.

El presidente Sarmiento envió un mensaje al Congreso propiciando la ley que pusiera en vigencia el proyecto de Código Civil, que aconsejaba dar inmediata sanción “confiando su reforma a la acción sucesiva de las leyes, que serían dictadas a medida que la experiencia determine su necesidad”.

Recibido el mencionado mensaje, la cámara de Diputados aprobó el proyecto el 22 de setiembre de 1869, y con ella, quedó fijada la fecha para que entrara en vigencia para el 1 de enero de 1871.

Esta media sanción pasó a Senadores que la aprobó el 25 de setiembre de 1869 y finalmente quedó convertida en la ley 340. Sarmiento la promulgó el 29 de setiembre de 1869.

Eran tiempos en que el país necesitaba ser poblada y legislada a la brevedad, de ahí la justificación que fuera sancionado el código a libro cerrado (ahora se nos fue la mano y tenemos infinidad de leyes que no aplicamos).

Desde su sanción, el Código Civil tuvo innumerables modificaciones, desde la ley de fe de erratas de 1882, la de matrimonio civil  de 1888, la de derechos civiles de la mujer de 1926, la modificatoria del régimen de filiación y patria potestad en 1984 y la de divorcio en 1987. Su más importante modificación, considerada una reforma parcial, fue la conocida 17711 de 1968 en manos del jurisconsulto Guillermo A. Borda.

La reforma integral del Código Civil, tratándose de su antigüedad, no ha sido un tema reciente. Los proyectos más importantes datan de 1936, con el Anteproyecto Bibiloni, el proyecto de 1936, el anteproyecto de 1954 y el proyecto de unificación del Código Civil y comercial que contó con innumerables pensadores y que comenzó mucho antes del año 2014.

Volviendo al Código de Vélez, el jurista tomó, como fuentes del Código, el Derecho Romano, el Derecho Civil francés, el Derecho Canónico y sobre todo el Esbozo de Freitas.

La impronta del Derecho Romano (y con ellos nos inscribimos definitivamente en el sistema continental, aquel que se diferencia claramente del sistema anglosajón) llegó de la mano del romanista alemán Federico Carlos de Savigny con su obra fundamental Sistema de Derecho Romano actual. El Derecho Canónico fue otra de sus inspiraciones, definido como el conjunto de reglas que rigen a la Iglesia Católica; y el Derecho civil francés se tradujo en el Código de Napoleón, cuyos comentaristas habían sido Aubry y Rau.

El Esbozo de Freitas merece párrafo aparte. Augusto Teixeira de Freitas fue un jurista nacido en Bahía, Brasil, en 1816 y murió en 1883 en Niterói, Brasil. Freitas ejerció una importante influencia para el Derecho Civil latinoamericano. Su Consolidação das leis civil había emprendido la titánica tarea de recopilar ordenadamente las diferentes leyes en vigor. A principios de 1859 se le encomendó la redacción de un proyecto de Código Civil y allí se transformó en el Esbozo y que despertó la admiración de Vélez Sarsfield al que acudió frecuentemente.

Más allá de las modificaciones que debían realizarse a medida que pasaba el tiempo y por una necesidad de progreso de las leyes, la obra de Vélez Sarsfield se trató de una verdadera construcción arquitectónica, una obra de ingeniería que no hacía agua por ningún lado. La coherencia en los cuatro libros hoy en día se trasluce como impresionante y digna de estudio, a pesar de haberse transformado en una reliquia histórica. Pero como toda reliquia, es necesaria que no pase al olvido, ni se desdibuje, ni se tergiverse por cuestiones políticas partidarias e intereses personales que nada tienen que ver con la brillante mente del jurisconsulto que pergeñó semejante empresa y que llevó a cabo con ahínco.

Los principios introducidos por Vélez merecen un análisis aparte. Sólo diremos que los medios de comunicación, en su afán por receptar positivamente la nueva ley, han afirmado que el antiguo Código era muy estricto y muy vinculado a la religión. ERROR. Se trató de un Código de avanzada y con agudas reflexiones. La situación era al revés, el Código se apartaba tanto de la religión como del pensamiento imperante del propio pueblo, muy ligado a una tradición católica.

Dalmacio Vélez Sarsfield falleció el 30 de marzo de 1875 en Buenos Aires. Pero la trascendencia lo alcanzó con el Código Civil que transmitió enseñanzas durante mucho más de un siglo y que aún hoy sirve de guía y ordenador.

Por todo lo expuesto, va este adiós al Maestro y que ahora pase a la inmortalidad de los iluminados.

jueves, 23 de octubre de 2014

Ficciones: En la soledad del monte


Ficciones

En la soledad del monte

Por María Guillermina Volonté

Relato inspirado en “Romance de la pena negra”, de Federico García Lorca

 

    Las primeras y tímidas luces del día comenzaron a filtrarse a través de la vegetación del monte, destejiendo el maravilloso manto luminoso que habían formado las estrellas en el cielo y que lo acompañó durante las largas horas de su vigilia.

    Había decidido pasar esa noche meditando sobre su realidad y su irrealidad personal. Recostado sobre la húmeda gramilla dejó transcurrir el tiempo, sin llegar a clarificar sus angustias.

    De pronto la vio. Caminaba lentamente, apesadumbrada, con la vista baja, rumiando su pena.

-        ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí en esta soledad del monte?

    Ella sorprendida levantó bruscamente la cabeza y cambió la expresión de su rostro por otra de orgullo, reflejando el malestar que le producía la inesperada interrupción de ese joven indolentemente tendido en el suelo, que osaba despabilarla de sus cavilaciones.

-        Me llamo Soledad.

-        ¿Soledad? ¿Sólo Soledad?

-        Sólo Soledad, como la soledad del monte, como la soledad de mi corazón, como la soledad de mi vida.

    “Como mi soledad”, pensó él, pero no se lo dijo…

    Había quedado extasiado frente a la belleza morena de Soledad, frente a esa cobriza piel, frente a esos ojos renegridos, hoy velados por una honda pena y una tristeza que él adivinaba como una pena de amor no correspondido, de amor traicionado, de amor abandonado.

    Y así era. Soledad, al borde de las lágrimas le confiesa que su vida ya no tiene sentido, que desearía terminar con ella, que la amargura la invade, que no podrá nunca encontrar un remanso donde acallar esa pasión que la invade y la consume.

    Y él comprende en ese momento que las penas se pueden compartir, que el sufrimiento y el desamparo no son sentimientos exclusivos ni de él, ni de ella, esa Soledad del monte…

    Que la negrura de la noche se está disipando para mostrarles la bendición de una naturaleza que indefectiblemente les permitirá dejar sus corazones en paz…