miércoles, 22 de abril de 2015

Relatos de viajes: De trogloditas franceses y castillos medievales



Relatos de viajes
De trogloditas franceses y castillos medievales
Por María Guillermina Volonté

Extractado de mi blog “Arrastrando las valijas”, en el cual se pueden leer distintas experiencias y vivencias de los viajes que he realizado. La dirección del blog es: www.mariaguillerminavolonte.blogspot.com.ar

    Lunes 24 de agosto de 2009, desde Barajas y en vuelo de Iberia arribamos al Aeropuerto de Orly (Francia), alquilamos un auto y tomamos la ruta hacia el Valle del Loire.
    Llegamos a Le Sentier (Monthodon) a la nochecita. Habíamos reservado por internet un curioso y muy particular departamento en “La Marechalerie”, una casa rural compuesta de un hostal y unos pocos departamentos en lo que había sido un antiguo taller de herrero en el siglo XVIII y que aún conservaba algunos rasgos de aquella época.
    Al día siguiente comenzamos nuestro recorrido por la zona visitando el pequeño pueblo de Trôo, a unos 25 km de Le Sentier ya orillas del Río Loire, conocido por la existencia de viviendas prehistóricas de los llamados trogloditas, algunas de cuyas cuevas, como la de Yucca, se pueden visitar.


    Otro sitio característico del pueblo es la Iglesia de la Colegiata de St-Martin, de estilo románico y gótico, del siglo XI, así como las escaleras de Saint-Gabriel, que se alza en el sitio que estaba la original iglesia de Trôo, de la cual solo permanece una copia de la estatua del Santo en un nicho enclavado en la piedra.
Callecita de Trôo con la Iglesia de St-Martin al fondo
La escalera de Saint-Gabriel
    No podíamos dejar de conocer el llamado “Pozo Parlante”, de 45 metros de profundidad que produce un eco muy claro, el cual es difícil de evitar probarlo, así que allí gritamos y gritamos para después escucharnos a nosotros mismos y reírnos muchísimo.

    Cruzando el río por un antiguo puente llegamos a la Iglesia de Saint-Jacques-des-Guérets, del siglo XII, famosa por sus 13 murales pintados de estilo bizantino. Descubrimos también que por allí pasa el camino francés a Santiago de Compostela.

 Saint-Jacques-des-Guérets

Huellas del Camino Francés
    Luego de almorzar una suculenta ensalada en un bar muy típico, de ese lado del pueblo, atendidos por Michelle, partimos hacia Lavardin, que queda a 10 km de Trôo. Otro pueblito medieval que parece detenido en el tiempo y que nos maravilló con sus casitas y sus flores y donde también se encontraron cuevas de los trogloditas. Entramos al pueblo por un antiguo puente gótico de piedra, con ocho arcos, que en la actualidad ha sido reconstruido.

    Posee un castillo en ruinas que se puede visitar y que es espectacular, fue construido sobre un promontorio rocoso en el siglo XI, si bien ha quedado muy poco en pie, te da una panorámica de cómo era en su origen, cuentan queen 1590 fue parcialmente destruido por orden de Enrique IV.

Desde el castillo vistas de Lavardin
    También conocimos la Iglesia románica de Saint-Genest, con sus delicados murales del siglo XII al XVI, pintados en las paredes y que nunca fueron restaurados y donde se mezclan escenas de la vida de Cristo, como su bautismo, con símbolos astrológicos.

    En los días posteriores visitamos ciudades más importantes y varios castillos famosos, abiertos al público, que en próximos relatos les contaré…

sábado, 18 de abril de 2015

Poesías: Cadena poética


Poesías

Cadena poética

Por Mabel Fernández

Cadena poética publicada en Facebook en Marzo del 2015

 

El lienzo

El lienzo blanco me desafía.

Por las bocas abiertas  de los pomos.

Cremosos colores se acomodan en la paleta

mi pincel favorito se unta de violeta

y una primer pincelada se desliza.

Una caricia a la superficie no es suficiente.

A partir de este momento

lo que aparezca ya no me pertenece

el lienzo blanco se ha transformado

como vos y como yo cuando los trazos  del tiempo

nos convierte en otros sujetos…

 

Muñeco de ojos verdes

De jovencita,

proyectaba en ese muñeco

tendido sobre la cama matrimonial de mis padres

a un bebé hermoso y de ojitos verde claro.

No tardaste en hacerte realidad.

Aquel día de Enero cuando vos naciste,

yo casi dejo la vida y la dejaría mil veces hoy en día.

Si supiera como restaurar nuestro amor filial

que se rompió después de casi cuarenta años en veinte fragmentos…

como el  muñeco de porcelana de ojitos verdes

que torpemente pegué pedacito por pedacito

para intentar  recuperarlo.

 

Siesta en el sillón

Acomode un mullido almohadón,

mi cabeza somnolienta lo ahuecó

soñé que soñaba

y en el sueño soñado,

un papel escrito con tinta negra

se presentaba ante mis ojos,

con un dedo toqué las letras

mientras la tinta se abultaba,

en mi sueño soñado

toqué el papel.

un enorme almohadón con letras

me hundió la cara.

 

Mis cielitos

Tengo dos cielitos, uno cerca otro muy lejos. A uno lo puedo arropar, besar y limpiarle la naricita sucia, al otro pude hacerle lo mismo por unos días, después de un par de largos viajes.

Tengo dos cielitos que me iluminan el alma, le dan sentido a mi vida.

Tengo dos cielitos, a uno lo tengo muy cerca y lo beso todos los días, al otro lo tengo muy lejos y me lo esconden…

Tengo dos cielitos y los quiero por igual.

Tengo un alma partida al medio.

Tengo que  sobreponerme para pensar la manera de reparar mi espíritu.

 

Fuera de aquí

Los cucos existen

están en mis pensamientos

me acompañan desde siempre

los presiento acomodándose

como un cubre cabezas.

 

Cuando estoy sola

a menudo de noche

cuando tengo miedo

cuando en mi vida no veo la luz.

 

Quiero dejarlos del otro lado del muro

 

¡Fuera de aquí !

Pronto saldrá el sol

Tengo ganas de ser feliz

a eso ustedes le temen…

martes, 14 de abril de 2015

Sociedad: Eduardo Galeano


Sociedad

Eduardo Galeano

NUESTRO HOMENAJE

 

Las venas abiertas de América Latina

Memoria del fuego

El libro de los abrazos

El fútbol a sol y sombra

Los hijos de los días

 

viernes, 10 de abril de 2015

Poesías: Cadena poética


Poesías

Cadena poética

Por María Guillermina Volonté

Cadena de poesías publicadas en la red social de Facebook entre los días 8 al 12 de marzo de 2015

8 de marzo 2015

Destinos cruzados

La madre la miró, la hija la miró, ambas se miraron,

profundamente, intensamente, como analizándose,

como intentando saber qué pasaba.

La madre habló primero:

me siento mal, estoy mal, triste, dolorida, enferma, mi tiempo se termina…

No llores, hija…

Como no voy a llorar, no puedo detener estas lágrimas,

lágrimas de amor, de pena, intensa pena,

no quiero esto, no quiero que te vayas, te necesito, te quiero conmigo,

hoy más que nunca, no me dejes…

Necesito tu tiempo, tu voz, tus manos…

madre, voy a ser madre…

 

 

9 de marzo 2015

¿Injusticia o Corrupción?
 

Qué injusticia…

que el agua me llevó todos mis recuerdos,

que manos ajenas me dejaron sin los ahorros de toda la vida,

que nadie hace nada por mí y el paco me domina,

que José perdió sus jóvenes 15 años debajo de las ruedas de un auto,

que por viajar en el primer vagón tuvo que morir,

quedarme sin trabajo porque mi patrón me acosa,

tener que salir a pedir porque no consigo trabajo,

saber que tengo razón y me debo callar,

no saber leer porque no puedo ir a la escuela,

haber estado 5 años presa por equivocación,

que quedó libre y era el asesino,

no tener ni agua para beber,

morir por un par de zapatillas…

 

10 de marzo 2015

Recuerdos

El aire se pobló de acordes

Sus sonidos invadieron mi alma

Qué dulces y armoniosos suenan

Qué tristes y a la vez qué calmos.

Crecí escuchando del piano sus notas

Bebí sedienta de sus armonías

Hasta que un día enmudeció de golpe

y su tristeza, atrapó mis alegrías.

Hoy el piano en su silencio duerme

su eterno sueño interminable

esperando inútil el día que retorne

aquella que supo, su corazón hablarle.

 

Alguien lo despertó un día…

 

11 de marzo 2015

¿Qué significa horas perdidas?
 

Lo vi llegar con su arrogante andar

Me deslumbró su mirada

Quise detener el tiempo,

Fue una hazaña malograda

Conté las horas perdidas

En tal intento frustrado

Busqué mirar a otro lado

Dejando pasar el tiempo

Todo en vano

No hay remedio

Mejor olvido o morir

Así que, sin más apuro

Abrí mis ojos

Y lo vi partir…

 

12 de marzo 2015

Luces y sombras
 

Sábado de mañana.

Pilates, cinta y bicicleta.

Mientras pedaleo como a los 15, miro por la ventana.

El sol, reflejado en las hojas del fresno, les da una luminosidad magnetizante.

Pienso… repaso momentos agradables.

Pienso… lo bueno me hace pedalear con más fuerza.

Pienso… ya no estoy acá, estoy en otro lugar.

Pienso… y me sonrío recordando.

El tiempo se detiene, o así lo siento yo…

De golpe, no hay más sol…

Negros nubarrones se ciernen sobre el cielo.

El sol desaparece.

El fresno no brilla más.

Yo sigo pensando…

Los recuerdos no son agradables.

Una inmensa lágrima rueda por mi mejilla.

Sacudo la cabeza.

Sacudo los pensamientos.

Abro los ojos.

El sol sigue ahí.

El verde brillante sigue ahí.

Pienso… y me digo:

“A seguir pedaleando”…

lunes, 6 de abril de 2015

Ficciones: La constelación


Ficciones

La constelación

Por Julia Volonté

“La contradicción es fuente de toda vida y todo movimiento”
W. Hegel
 

    Era esponjoso. Lo palpaba y era esponjoso. No sé muy bien como llegué a tocarlo. Sólo recuerdo que la curiosidad fue mayor que el miedo. Y aunque lo tenía, no lograba paralizarme. Tantas veces me había quemado que una ampolla más no me importaba.

    Me sorprendió el color que no era desteñido, ni estridente. Era un color preciso. Si bien titilaba, él era firme. Como una estrella, nosotros la vemos titilar, pero ¿cuál es su color verdadero?

    Sabía que iba a encontrarlo. Era un saber secreto. La curiosidad superó el miedo. Mi mano fue deslizándose, atravesó los colores. Desde el naranja llegó al azul, donde está más caliente. Pero por primera vez no me quemó.

    Como estar sumergida en una nube. Era esponjoso, y ahora lo sé, él es esponjoso, porque yo lo soy también.

    Primero fue la duda que nos distanció largo rato. Sólo en el tiempo de brillar pudimos renombrar los colores, así hallamos nuestro color y allí originar la nueva constelación.

jueves, 2 de abril de 2015

Ficciones: Perfume de tango


Ficciones

Perfume de tango

Por Nilda Di Battista

    Metió las manos en los bolsillos, escondiéndolas a tantos saludos.

    ¿Tanto alboroto por su regreso? ¿Había sido tanto el tiempo de su ausencia? Sí, fueron treinta años.

    Para Miguel no había sido más que un breve paseo; una incursión hacia otros territorios, extraños, inhóspitos…

    Sus antiguos amigos interrogaban: -¿Y cómo te fue? ¿Cómo estás?

    - Bien, estoy bien,- respondía.

    Y por dentro repetía lo que venía a su mente al pensar en su vida: “He cometido el peor de los pecados, no he sido feliz”. (1)  

    Recorrió casi sin pensar las viejas veredas de su barrio, sombrías por los plátanos que las bordeaban, rugosos, torcidos, con cicatrices de iniciales marcadas a cuchillo, casi como él mismo.

    ¿Puede el hombre torcer su destino? ¿Lo construye o se entrega a él? Las decisiones que se toman, ¿son parte del camino o son ilusiones de un cambio que no existe como posible?

    Recordó su vida: la muerte prematura de sus padres en ese tonto y cruel accidente terminó su corta infancia. Cuando todavía no tenía edad para entenderla, éste le arrebató para siempre la alegría y lo marcó con miedos que siempre perduraron.

    Devastado, quedó a cargo de su abuela quien, a pesar de sus esfuerzos, nunca pudo reemplazar su pérdida.

    Miraba con frecuencia la foto de ellos: la belleza rubia y serena de su madre, sus ojos mansos. La prestancia de su padre, que él había heredado.

    Nunca dejó de mirarlos, de extrañarlos y conmoverse viendo cómo se eternizaban como un joven matrimonio con la edad de la de sus hijos.

    Miraba las caricias que recibían sus compañeros de manos de sus madres: ¿cómo sería la caricia en el pelo, el reto espontáneo, el cuidado de las comidas? Así como el ciego prescinde de formas y colores, él se acostumbró a esconder la ternura, el ser hijo, de recibir besos y cariños fraternales.

    Su carácter manso y tranquilo lo convirtió en un hermano postizo de sus compañeros.

    Enrique Soler, su amigo del alma, fue quien lo cobijó y casi lo convirtió en un hijo más para aquella familia tan querida en sus recuerdos.

    A pesar de la rigidez que reinaba en ese hogar, presidida por un padre militar y una madre sumisa, encontró en ellos una oculta ternura que lo protegía. La disciplina férrea sólo era quebrantada por algún infantil capricho de Ana Julia, la hermana menor, a quien todos adoraban por su candidez.

    Y ahora también había perdido a Enrique, cuando él todavía estaba lejos y no pudo ni siquiera darle su último adiós.

A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tu sonrisa repartías estrellas… (2)

    Levantó la vista, saliendo de sí mismo; sus pasos lo habían llevado hasta la plaza principal, verde, prolija, perdurando a través de los años sin modificaciones, seguramente porque el barrio no era apto para la construcción de grandes edificios o de grandes shoppings que transformarían su geografía.

    Y allí, frente a él, en la esquina, reconoció al club del barrio: “Club Atlético y Social América”. ¿Se debía ese nombre a la mágica palabra que los inmigrantes de la zona habían pronunciado como una esperanza de vida, al dejar sus tierras de origen? Seguramente fue así: América, la tierra soñada.

    El Club permanecía inamovible, sólido, remozado por la pintura con colores actuales que ocultaban sus viejos muros. Habían construido un gimnasio donde antes se extendía la terraza, donde años atrás, en los días de verano, se amontonaban mesas y sombrillas que protegían del calor.

    En la esquina, el bar permanecía sin cambios. A través de las ventanas contempló la pista y el escenario, donde los sábados a la noche se instalaban las orquestas que amenizaban los bailes. En la entrada un cartel con grandes letras anunciaba:

Sábado, 20 de octubre, 2009
22 horas
Gran baile Gran
Con la orquesta típica de Federico Acosta
Y la voz de Osvaldo Fiol.
Actuará el cuerpo de baile de tango,
con la dirección de Ana Julia Soler.
Entradas en venta

    Así que todo seguía igual. ¡Osvaldo todavía cantaba! ¿Después de treinta años? Claro, tenía su edad. Decidió y supo que el sábado estaría allí, como tantos años antes.

    Pensó nuevamente en Enrique; compañeros de primaria y secundaria, al ingresar en la Facultad, sus caminos divergieron: Miguel ingresó en Bioquímica, mientras que su amigo lo hizo en Filosofía y Letras.

    ¡Qué años aquéllos! Las noches de estudio, el bullicio de las calles, la calle Córdoba que reunía en sus bares a una juventud insólita, pensante, luchadora. Los centros de estudiantes hervían de ideologías, en discusiones acerca de revoluciones y temas candentes.

    Los militares subían y bajaban los gobiernos, los universitarios eran aguerridos, idealistas… “nidos de subversión” pensaban los viejos retrógrados, plenos de temores. ¡Pero ellos eran jóvenes, fogosos y creían poder cambiar el mundo! Pero los sábados volvían al Club del barrio, a lucir en la pista los pasos de tango ensayados previamente.

    Ana Julia, aquella mocosa caprichosa, se había cortado las trenzas.

Barrio de tango, luna y misterio,
calles lejanas, cómo estarán,
viejos amigos que hoy ni recuerdo
qué se habrán hecho, dónde andarán.
Barrio de tango, qué fue de aquella
la rubia que tanto amé… (3)

    Noche de tango. Desde un rincón miraba la mesa donde estaba Ana Julia, custodiada por su madre y su amiga María Inés que, con su mirada pícara, lo invitaba desde la distancia. La orquesta arrancó con un tango

…si supieras que aún dentro de mi alma
conservo aquel cariño que tuve para ti… (4)

    Se acomodó el saco y rumbeó a la mesa, la mirada dirigida a María Inés, que lo esperaba. Y fue en ese momento (culpa del destino) que, por arrogancia, orgullo o porque la vida lo quiso, se volvió hacia Ana Julia y le dijo: -¿bailamos?-.

    Fueron al medio de la pista y le costó comenzar el baile; había tanto conocimiento entre ellos que se sintieron embargados de una vergüenza nueva. Abrazó la cintura breve de la rubia, que se abría como un abanico hacia el escote. Percibió el cuerpo frágil debajo de la seda liviana del vestido; el brazo de ella se deslizó buscando su cuello, estremeciéndolo. Sus miradas quedaron casi al mismo nivel; los ojos azules de Ana Julia lo interrogaban, lo seducían, lo amarraban.

    Miguel le preguntó: -¿Te atrevés al tango?-
    -Probame-, contestó Ana Julia sin levantar la voz.

    Se deslizaron por la pista, los cuerpos respondiendo al compás del dos por cuatro. Giros, quebradas, ochos, todo se lo permitieron, asombrados del descubrimiento de la conjunción de los movimientos.

    Al volver a la mesa, María Inés había desaparecido.

    Como todos los sábados, junto con Enrique, acompañaron a Ana Julia y a su madre, las pocas cuadras que los separaban de su casa. La noche era serena y se percibía el tremolar de sus corazones.

    Casi sin palabras, turbados, al llegar a la puerta se despidieron, las manos ansiosas de caricias, y el beso en la mejilla, escaso y breve, les confirmó que algo había cambiado para siempre. Luego, el amor, la pasión, los encuentros escondidos en las salidas, protegidos siempre por el hermano mayor.

    Los viernes se encontraban a la salida de las clases de tango de Ana Julia, pero esa tarde, sería distinta. La esperaba dentro de su auto cuando la vio salir apresurada del club del brazo de María Inés, desencajada, y antes de que él pudiera acercarse, se alejaron en un taxi. Por Enrique se enteró de lo sucedido. María Inés la había convencido de que aquello era un juego de revanchas y que el verdadero interés de Miguel estaba en ella.

Más frágil que el cristal fue mi amor junto a ti.
Cristal tu corazón, tu mirar, tu reír
……………………………
Cuánto, cuántos años han pasado,
grises mis cabellos y mi vida.
Solo, siempre solo y olvidado
con mi espíritu amarrado
a nuestra juventud. (5)

    Miguel no pudo explicar su verdad. Se cerraron las puertas de la confianza para él. Ana Julia no quiso tampoco escuchar a su hermano, encerrada en su dolor. Rompía las cartas enviadas por Miguel, no contestaba el teléfono, y huía si lograba acercarse.

Un día
he de perder tu rostro
como un himno en la muchedumbre.
Rodará tu sonrisa
como las naranjas
sobre las manteles de júbilo
pero tan distante de mí,
como un faro del centro del océano. (6)

    Siempre lo sorprendió su manera de recordarla; estando en Madrid, en las fiestas de la Puerta de Alcalá, en el Rastro, de tapas en la Plaza Mayor, súbitamente oía una voz o el ondear de una breve melena rubia y pensaba: “Ana Julia”, “Ana Julia”, pero no era ella.

    Añoraba su inocencia, la manera en que breve y cortante ante la pregunta de un pretendiente de ¿bailamos?, contestaba: “Disculpe, tengo la pieza pedida” y darle tiempo a Miguel para que se acercara para salir a bailar.

    Percibía como presente su cuerpo moviéndose al compás de la música, acompañándolo en cada compás. Pero llena de dolor y vergüenza Ana Julia había sucumbido a la intriga.

Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve
ojalá, por lo menos, que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones. (7)

    No eran tiempos fáciles: Enrique lograba apenas que sus padres le permitieran seguir en la facultad; había listas de sospechosos, allanamientos, cadenas de amenazas, desaparecidos, teléfonos pinchados, mensajes en clave. Miguel se balanceaba entre “nunca milité” y “llevan a cualquiera”. Era por si acaso para averiguación de antecedentes. El ser universitario era ya una sospecha.

    Una tarde recibió un llamado de Enrique: -“Che, Flaco, dice mi padre que ya tenés el permiso para salir del país, que le parece buena idea que visites a tus tíos en España. Hasta te consiguió el pasaporte y el pasaje”. Miguel entendió la orden oculta y contestó: -“Ah, sí, Negro, qué bien, ¿y cuándo salgo?”. –“Mañana”.

    No, eso no, la lejanía no, el exilio no, el abandono no, el dejar los afectos no, no despedirse de nadie no, no ver más a Ana Julia no…

    ¿Qué se lleva alguien cuando deja un país? La vida resumida en lo que entra en una valija. Hasta que el avión no despegó, no estaba seguro si era una ida o una trampa. Recién cuando dejaron atrás las fronteras del país, comenzó a transfigurarse y poner orden a lo ocurrido. La estadía sería breve, pocos meses, y volvería y todo estaría en lugar, y todo tendría sentido. La misma inquietud lo persiguió al llegar a Madrid, “esto es temporal, no puede estar ocurriendo”.

    Aferrado a los tangos y el mate, únicos recuerdos de su patria, comenzó “mientras tanto” a trabajar, a retomar su carrera, a construir de cero una nueva vida. Las cartas le traían noticias, todo seguía igual, todo demora en volver a la normalidad, Ana Julia nunca más te nombró.

    “Mi vida, te espero en el primer avión, cree en mis palabras, nunca podré amar a otra mujer, no hay paz si no es entre tus brazos”. Cartas rotas, cartas mojadas en lágrimas, cartas ignoradas.   

    Conoció a Lola cuando deambulaba entre la desesperación y la bronca. Era dulce, comprensiva, no había pasión entre ellos. Se casaron cuando le anunció su embarazo; luego los hijos, su carrera profesional casi brillante, la vida, siempre con el sueño de volver.

Volver, con la frente marchita
las nieves del tiempo
blanquearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida… (8)

    Los años pasaron. Lola enfermó y murió, como ella era, en paz, sonriente y sin requerimientos. Este hecho y el anuncio de la muerte de Enrique, lo decidieron: retirado de su profesión, sus hijos casados, no había impedimento para el regreso; por otra parte, había papeles por firmar y debía hacerse cargo de la casa heredada de sus padres, y volvió.

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón. (9)

    El sábado se preparó con esmero. Los botones de la camisa fueron la mayor dificultad para sus manos temblorosas. Llegó temprano, poca gente, los integrantes de la orquesta acomodaban los instrumentos y la vio. Más rubia, más madura, elegante; el vestido negro resaltaba su figura más firme y segura. Pensó en acercarse pero esperó.

    De pronto, los primeros acordes… -“si supieras que aún dentro de mi alma conservo aquel cariño que tuve para ti”-. Caminó lentamente hacia Ana Julia. Un puente de recuerdos y sentimientos en sus miradas; la ternura nubló los ojos claros de Ana Julia y hasta le pareció que brillaban con la humedad de las lágrimas. Se paró frente a ella, esperanzado, tembloroso y, con una voz que le sonó lejana, preguntó: “¿Bailamos?”. Ana Julia lo miró desde el fondo de sus recuerdos, de su amor y de su dolor. Desvió la vista y con tono impersonal contestó: “Disculpe, tengo la pieza pedida”.

    Reaccionó ante el frío de la noche y recién al llegar a la vereda pudo respirar hondo. Sintió que se deshacía en fragmentos dolorosos. Se aferró a un árbol para no caer y pensó que había perdido la última oportunidad, que no habría segunda vuelta, que su vida era un viaje de ida sin posibilidades de retorno.

    Se levantó las solapas del saco para protegerse del frío y, sintiendo que las lágrimas que corrían por su cara eran inagotables, emprendió lentamente el camino a su casa, ya sin esperanzas.

“Me fui, como quien se desangra” (10)

 

Obras citadas
    1.  Jorge Luis Borges. Poesía
    2.  La novia ausente. Tango
    3.  Barrio de tango. Tango
    4.  La cumparsita. Tango
    5.  Cristal. Tango
    6.  Susana Soba. Poesía
    7.  Ojalá. Canción
    8.  Volver. Tango
    9.  Vuelvo al Sur. Tango
    10. Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

lunes, 30 de marzo de 2015

Poesías: Cadena poética


Poesías

Cadena poética

Por María Julieta Escayola

Cadena de poesías publicadas en la red social de Facebook entre los días 5 al 9 de marzo de 2015

5 de marzo 2015

Sería prudente
Insurgente o paciente
Estar esperando
Esperando a tu lado
Un toque de magia
De tus labios con besos de anís.

6 de marzo de 2015

Y fueron los días
En que los mensajeros dormían
A la vera del camino
El pasto no había sido cortado por meses
El sol secaba las fuentes
El retorno se hacía impensable.

Y fueron los días
En que los suicidas abundaban
El otoño se aproximaba
La vuelta era imposible.

Y fueron los días
En que el niño se acercó
A la orilla del lago
Sacó su sombrero de lata
Se puso a jugar.

Nunca volvió.

7 de marzo de 2015

No escurras entre tus dedos
La pequeña felicidad que se presente
No esgrimas tus sueños
Ante el ave que amenaza
Siente el temblor
Pero no lo hagas propio
En el límite de las cosas
Está bueno encontrarse

Porque sólo hay dolor.
Lo demás es ilusión.

8 de marzo de 2015

La aurora marcó el día
La noche no fue entregada
Los dioses se rindieron
Apareció uno solo
El reloj nunca dio la hora
El vestigio de los cuerpos
indicó que ya era el momento
Fue el instante de partir
No miró para atrás
No le dijo nada
Guardó todo para sí
La noche nunca fue entregada.


9 de marzo de 2015

La despedida es sólo el comienzo
Pero la aurora también
No esperemos el crepúsculo
Porque no llegará
Como nosotros pensamos.

Demos la bienvenida al sueño
Porque la vigilia dice adiós
No acobardemos el corazón
Aunque nos impongan la sensatez.

La despedida es sólo el comienzo
El inicio es el omega
El alfa es el adiós.

 

Luego de leer, se recomienda ver el siguiente video del artista Adanowsky